Bécquer: su faceta ocultista

Nota: este es el segundo reportaje publicado en Soria 7 Días, de un total de tres, bajo el título de Bécquer: su faceta ocultista, dentro de mi serie EL OTRO LADO.  Se publicaron en julio de 1994, en tres sábados: días 9, 16 y 23. Esto fueron los epígrafes: Vida y obra sorianista, ¿Ocultista?, Los elementales, La Corza blanca, la Dama blanca,  ¿Neognóstico?, Soria, Trasmundo, Leyendas, Unus Mundus, Ondina-Ánima. Además, también en EL OTRO LADO, me pub licaron el 30 de julio: “Las musas de Bécquer y Machado”, con estos apartados: Leonor y Guionar, El ánima, Mujer-musa, Desarrollo del ánima.

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La Corza blanca

¿Fue Bécquer un ocultista..?, preguntábamos la semana pasada. Los datos que aportábamos allí parecen indicarnos que, cuando menos, tenía conocimientos de esoterismo y ocultismo, adquiridos tal vez en alguna sociedad teosófica o masónica. ¿Quién lo puede saber…? Lo que sí es cierto es que, en la obra de Bécquer, se encuentran arquetipos del inconsciente colectivo a doquier. Por eso resultan tan fascinantes sus Rimas y Leyendas.

Investigadores hay que han visto muchas influencias celtas en las Leyendas bécquerianas, como por ejemplo el catedrático Martín Almagro-Gorbea, que así lo expuso en agosto de 1992 en uno de los cursos de verano en El Escorial. Imagino que entre ellas se encuentra, especialmente, la referida a “La Corza Blanca”, localizada en la fuente de “Los Álamos”, en Beratón, así como las múltiples referencias a ondinas y elfos.

La transformación de mujeres sobrenaturales en corzas o ciervas, en efecto, está reflejada en diversas tradiciones célticas, e incluso entre los sioux, por sorprendente que parezca. La Ofrenda de la Pipa Sagrada para renovar el Árbol del Mundo tiene su origen en la aparición de la Dama Blanca, llamada “Mujer-Bisonte Blanco”, entre los sioux. La leyenda dice que dos lakotas fueron a cazar y divisaron a lo lejos lo que parecía un gran bisonte blanco, cuando se acercaron vieron que era una mujer mágica “vestida con blancas pieles de gamo”, según cuenta Alce Negro.

En la Edad Media existen diversas apariciones de la Virgen junto a ciervos o adoptando sus formas, y en un lais de  María de Francia, “Guigemar”, éste lanza una una flecha a una cierva blanca que habla, sorprendente parecido a “La Corza Blanca”.

Igualmente resulta sorprendente la vinculación de Sertorio, que encontró apoyo entre nuestros antepasados celtíberos, y una corza que le regaló un campesino. Esta corza, blanca, se le aparecía en sueños y le adivinaba el futuro. Cuando cae asesinado Sertorio en la tienda del traidor Perpenna, la corza, que dormía tranquilamente por los alrededores, murió y se transformó en humo claro.

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 La Dama Blanca

Los diversos arquetipos femeninos se plasman constantemente en la obra de Bécquer, casi siempre en perjuicio del hombre, como sucede en “El Monte de las Ánimas”, “Los ojos verdes” o “La Corza Blanca”.

En La Corza Blanca, en opinión de Joan Estruch Tobella, la protagonista “asume y resume tres arquetipos femeninos: Constanza (mujer altiva y caprichosa), Azucena (mujer espiritual), y Corza-Ondina (mujer sensual y diabólica)”.

En “El Rayo de Luna” se evidencia claramente el arquetipo de la luna y del ánima junguiana, que han sido muy bien analizados por Esther Harding en “Los Misterios de la Mujer”. Ahí es donde leemos que diversas tribus consideraban que la mujer quedaba embarazada no por el semen masculino, sino por los rayos de la luna.

Bécquer, en esta leyenda que sitúa entre San Polo y su querido San Juan de Duero (quiso transformarlo en museo arqueológico), está atrapado, como su personaje, Manrique, por el arquetipo de la Dama Blanca. Quizás pueda el lector comprenderlo mejor si transcribo el siguiente texto bécqueriano de la leyenda “El Caudillo de las manos rojas”:

        “Oís las hojas suspirar bajo la leve planta de una virgen? ¿Veis flotar entre las sombras los extremos de su diáfano chal y las orlas de su blanca túnica? (…) Esperad y la contemplaréis al primer rayo de la solitaria viajera de la noche; esperad y conoceréis a Siannah, la prometida del poderoso Tippot-Delhi, la amante de su hermano, la virgen a quien los poetas de su nación comparan a la sonrisa de Bermach, que lució sobre el mundo cuando éste salió de sus manos…”.

         Las hadas son una manifestación mitológica y folclórica del arquetipo de la Dama Blanca. William Butler Yeats, Premio Nobel de Literatura, creía en ellas y afirma que en Irlanda le contaron que las hadas pueden suplantar durante un tiempo al alma de cualquier ser viviente, animal o persona, alojándose en sus cuerpos, como sucede en “La Corza Blanca” de Bécquer, por ejemplo.

¿Neognóstico?

¿Fue Bécquer un neognóstico?. La pregunta puede sorprender al lector, pero si revisamos sobre todo sus tres leyendas hindúes veremos que está más que fundado plantear esta incógnita.

El dualismo, maniqueísmo y gnosticismo, tan estrechamente relacionados, parecen asomar en “La Creación (poema indio)”, “El Caudillo de las manos rojas (tradición india)”  y en “Apólogo”. Es así como leemos en “La Creación”:

        “El amor es un caos de luz y de tinieblas; la mujer, una amalgama de perjurios y ternura; el hombre, un abismo de grandez y pequeñez; la vida, en fin, puede compararse a una larga cadena con eslabones de hierro y de oro”.

Bécquer describe en “La Creación” una cosmogonía pseudohindú claramente gnóstica, en donde los “gandharvas” actúan como demiurgos. Antón Risco incluso encuentra un antecedente.“El cuento parece una fiel transposición en una mitología hinduista de la explicación del origen del mundo que proponía un famoso gnóstico de la antigüedad, Saturniano de Antioquía”, afirma.

En “Apólogo” la humanidad es creada por error, en este caso debido a una embriaguez de Brahma, y en “El caudillo de las manos rojas”, en el que se ven también algunos elementos neomaniqueos, Bécquer hecha mano del simbolismo de la peregrinación por el Himalaya y el Tibet en sincronía con el desarrollo interior del protagonista, Pulo, rajá de Dakka.

 Soria

Además de las referencias sorianas de Bécquer señaladas el sábado pasado, hay que reseñar algunos datos más. En 1856 se estableció en Soria el tío de los hermanos Bécquer, Curro. Ambos hermanos podrían haber visitado Soria ya en 1859. Entre 1861 (año en que se casó con la soriana Casta Esteban Navarro) y 1867 esta constatada documentalmente la estancia de Gustavo Adolfo y su hermano en la provincia de Soria (capital, Noviercas y Pozalmuro) en diversas ocasiones.

¿Descifraría el simbolismo hermético de algunos templos románicos sorianos, como al parecer sabía hacerlo?, me pregunto.

Fuente becqueriana en el Rincón de Bécquer (Soria)
Fuente becqueriana en el Rincón de Bécquer (Soria)

 

 

 

 

 

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