Campanadas a Medianoche de Orson Welles, el sustrato arquetípico -2-

Cualquier tiempo pasado fue mejor

Al comienzo de su Elegía, Jorge Manrique dice:

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Esta sentencia –“cualquier tiempo pasado fue mejor“- ha pasado al refranero popular con un tono de melancolía que muy bien puede aplicarse a los diálogos que tienen Falstaff y el juez de paz maese Shallow. El Refranero Multingüe del Instituto Cervantes la interpreta así: “Se añora lo que se ha perdido, aquello de lo que no se puede disfrutar. Es lógico que diga esta evocación nostálgica de tiempos anteriores quien ha cumplido ya años y, junto con la juventud perdida, echa de menos otras costumbres y otras circunstancias que considera preferibles a las presentes”.

Hay diversos paralelismos entre Ciudadano Kane y Campanadas a Medianoche, realizadas con 23 años de distancia. El magnate Kane muere tras pronunciar su última palabra, “Rosebud“,  mientras cae de su mano al suelo una bola de cristal con una cabaña de montaña cubierta de nieve y también un pequeño trineo cubierto de nieve; bola que al mismo tiempo que el alma de Kane expira, al llegar al último escalón se rompe.

RosebudUn periodista intenta averiguar el significado de “Rosebud”. Y la cámara de Welles nos desvelará al final de la película que el juguete más querido por el niño Kane era un trineo llamado Rosebud al que queman con otras muchas cosas de la mansión de Xanadú. Y es entonces que comprendemos que la última palabra de Kane evoca un momento feliz de su infancia, cuando jugaba con el trineo y tiraba bolas de nieve, poco antes de que su vida cambiara drásticamente al romperse su familia y pasar el niño Kane a un internado y ser tutelado por un banco hasta los 25 años.

En el prólogo de Campanadas a Medianoche van caminando por la nieve Falstaff y su viejo compadre maese Shallow recordando viejos tiempos, se adentran en la rústica casa del juez en Gloucestershire y, sentándose junto al fuego de la chimenea siguen evocándolos con cierta nostalgia aunque no muy complaciente por parte de Falstaff (ambos se conocieron cuando Shallow entró en el colegio de San Clemente y Falstaff era paje del duque de Norfolk, aclara Shakeaspeare).

las-cosas-que-hemos-visto-en-Campanadas-a-Medianoche– ¡Jesús, las cosas que hemos visto! ¿Os acordáis de aquella noche tan loca en el prado del molino de San Jorge?
– No hablemos de recuerdos, maese Shallow (…)
– ¡Ay, Jesús, las cosas que hemos visto!  Eh, sir John ¿digo bien..?
– ¡Cuando oímos las campanadas a medianoche!, maese Robert Shallow
– ¡Las oímos, las oímos, las oímos! eh, sir John, ¡las oímos!¡ Jesús, las cosas que hemos visto!

La misma evocación y, casi el mismo diálogo, se repite unos ochenta minutos más tarde en la película, sentados en el mismo lugar pero acompañados en esta ocasión por el primo de Shallow, Silence (ambos personajes secundarios magistralmente interpretados, por cierto).

-Ah, primo Silencio, cuántas cosas hemos visto este caballero y yo, ¡Eh, sir John! ¿digo bien?
– Cuando oímos las campanadas a medianoche, maese Shalow -dice Falstaff.
– ¡Las oímos, las oímos, las oímos! ¡Ah, sir John! ¡Hay que sí! ¡Ah, Jesús, Jesús! ¡Qué locos días aquéllos! ¡Cuántos de nuestros queridos y viejos conocidos han muerto!.. Ya lo dice el salmista que la muerte es segura. ¡Todos morirán! -concluye Shallow.

las-cosas-que-hemos-visto-Campanadas-a-Medianoche

Nieve (emblema de la pureza e inocencia) en la evocación infantil de Rosebud, nieve en el paraje que pisan ambos ancianos en Campanadas a Medianoche, fuego destructor quemando al trineo al concluirse Ciudadano Kane y fuego de chimenea calentando a los personajes de Campanadas. Y como telón de fondo: nostalgia de un tiempo pasado que fue mejor, de una etapa feliz, alegre -infantil en Ciudadano Kane y juvenil en Campanadas-; escenas  que remiten a la nostalgia de “paraísos perdidos”, su extinción y la muerte que acecha, en ambos casos.

¿Y a qué hace referencia vitalmente esas campanadas a medianoche que escucharon en su juventud? A una fuerza vital de carácter libidinoso si nos atenemos a ese Falstaff, burlador burlado, de Las Alegres comadres de Windsor, en el inicio de su escena V. Una líbido insaciable que le aportaría la sífilis, según algunos comentadores de esta obra de Shakeaspeare, y que le llevaría a la muerte (caso muy distinto sucede en la película de Orson Welles). Claro que, la líbido, es muy distinta según la vea un freudiano, un junguiano o un seguidor de Wilhelm Reich. Nosotros nos quedamos con la visión junguiana expuesta, por ejemplo, en el libro Símbolos de Transformación de C.G. Jung, y a ella remitimos.

Campana de medianoche en Alegres Comadres de WindsorCampanadas_a_Medianoche_Orson_Welles_Soria

 

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