En Sant Mateu, un retorno al Medievo entre cátaros, Orden de Montesa y el arte sacro

La estela de la Orden de Montesa

Intento vivir experiencias nuevas durante los solsticios y, en el de verano de este año, además de ver surgir al astro rey en el horizonte del Mediterráneo peñiscolense he paseado por la localidad castellonés de Sant Mateu, que fue la capital histórica del llamado Maestrazgo de la Orden de Montesa y San Jorge de Alfama; siendo creada la de Montesa- (1317-1319) con el patrimonio que tuvo la extinguida Orden del Temple y los bienes y posesiones de los Hospitalarios Sanjuanistas en el Reino de Valencia.

Mi primer encuentro con la Orden de Montesa tuvo lugar el año pasado al visitar el monasterio de Santes Creus, cuyo abad era el rector espiritual de esta Orden tutelada por las de Calatrava y el Císter. Los inicios de la Orden de Montesa me atraen desde mi recorrido por el claustro de Santes Creus, posiblemente financiado con el “tesoro de los Templarios”, y quizás algún día escriba sobre todo ello.

Sant Mateu, ¡tan próspera siento tierra de pastores por su lana en las manufacturas de Florencia ya en el s. XIV!, fue residencia de numerosos maestres, cinco de los cuales fallecieron en su palacio maestral.

Cátaros

Nada queda de la torre-palacio maestral y muy poquito del recinto amurallado que conserva 260 metros con paseo de la muralla junto el río del Palacio en sus tres tramos con sus respectivas placas dedicadas al Papa Luna,  a los maestres montesinos y a Guillem de Belibaste el “último cátaro” que vivió temporalmente aquí liderando una pequeña comunidad cátara .

¡Nostalgia de mi viaje por el Languedoc he tenido mientras contemplaba su placa; saudades de mi subida al castillo de Montsêgur el Domingo de Ramos de 1994, de mis andares por Foix, Toulouse y Fanjeaux..! De aquel viaje surgió el ensayo “Soria-Francia. De Numancia a Montsègur” y mi primera novela, “Los códices templarios del río Lobos. Los custodios del Grial“.

Ante la estela que rinde homenaje a los cátaros quemados inquisitorialmente al pie de Montségur

Papa Luna

El inquietante Papa Luna (Benedicto XIII) llegó a señorear Sant Mateu durante seis meses entre 1409 y 1410 tras el vacío de poder al morir un maestre de Montesa y presidió alguna de las sesiones judeocristianas iniciadas en Tortosa en junio de 1412, siendo uno de los expositores judíos el rabino talmudista Yusuf Albo que, después de esta disputa teológica, pasó a residir en Soria ciudad donde escribió en 1425 su “Sepher Iqqarim” (Libro de Dogmas), el más popular de su clase en la judería española  de su centuria (judería hubo, por cierto, en Sant Mateu y hasta quedan restos de un “Callejón de los judíos”).  Y por cierto que en el Museo de la parroquia se expone un cáliz del Papa Luna, el cual vió con lágrimas en los ojos cómo en la iglesia arciprestal de Sant Mateu concluía el Cisma de Occidente el 15 de agosto de 1429 al abdicar y renunciar al papado Clemente VIII. Aunque el Papa Luna siguió afirmando que era el auténtico Papa y se enrocó en el castillo de Peñíscola alzado por el Temple .

Portada románica

El epicentro artístico-histórico de Sant Mateu es, sin duda, su parroquia arciprestal dedicada al evangelista Mateo. Es gótica fundamentalmente aunque perdura una portada románica y dos pequeños tramos del siglo XIII. La Orden de los Hospitalarios de San Juan, que recibió Sant Mateu de manos del rey en 1233 y la mantuvo en su poder hasta que la entregó a la recién creada Orden de Montesa en 1319, fue sin duda la patrocinadora del primer templo mateísta, el románico. El vestigio iconológico que nos queda en esta portada respecto a esa filiación “juanista”, si se me permite tal calificativo, es la escena de la cabeza degollada de San Juan Bautista sobre la bandeja ante Herodes y comensales. El alma del Bautista está representada por el ave de la esquina superior derecha del capitel, debajo del cual se ve su ángel psicopompo.

Claro que, si queremos darle un “toque ocultista”, hasta podríamos ver toda la escena en “clave griálica” si tenemos en cuenta que en el relato gales “Peredur“, en la Procesión del Grial se porta una cabeza decapitada sobre un plato.

Estelas medievales

Me atraen las estelas funerarias medievales. Lo confieso. He escrito diversos posts sobre las estelas sorianas medievales y en Soria., provincia en la que se han catalogado algo más de doscientas sobre las que, Carlos de la Casa y Manuela Doménech concluyen  que “debemos fechar estas estelas discoideas medievales entre los siglos XII-XIII, más bien en el XII y nunca más allá del XIII, ya que luego se empezó a enterrar dentro de las iglesias y no se permitían este tipo de monumentos. Posteriormente se volvió a enterrar en el exterior y se volvieron a fabricar estas piezas, aunque ya con un carácter totalmente distinto”.

En Sant Mateu se conservan de su antiguo cementerio medieval varias estelas funerarias. ¿Corresponden únicamente al período cementerial Hospitalario-Sanjuanista..? Es muy posible. De todas ellas quiero destacar una cuyo anverso y reverso coinciden iconográficamente con otra expuesta en el castillo de Peñíscola y de posible adscripción templaria: en un lado, la cruz patada, en el otro, la cruz griega. Y es que ninguna Orden Militar tenía su “copyrigth” sobre iconografía crucífera.

Claves de bóveda

 

El gótico es el estilo que define a esta iglesia arciprestal: “… el grueso de lo construido está formado por la gran nave gótica levantada durante la segunda mitad del siglo XIV y la primera mitad del siglo XV, momento al que también pertenece la torre campanario”. Y además de los restos románicos que he señalado “completan la secuencia histórica dos grandes capillas, una del arte de comienzos del siglo XVII y otra de fines del siglo XVIII”, según resume Arturo Zaragoza Catalán.

“El ábside es poligonal, de cinco lados, y en él se abren otras tantas capillas con cabecera ochavada, siendo de mayores dimensiones y desarrollo la central”, cubierta con bóvedas de crucería toda la cabecera, añade Arturo Zaragoza. Por tanto, apunto yo, el del cinco y del ocho, hay que tenerlos presentes.

La bóveda simbolizan los firmamentos, los cielos. Y de sus claves me han llamado la atención tres: el Pantocrator con su Tetramorfos, el Agnus Dei y la Coronación de la Virgen tras su Ascensión. Tres claves con iconografía simbólica “clave”, tanto en la ortodoxia como en la heterodoxia cristiana, en su exoterismo como en su esoterismo… Pero no es momento aquí de hablar de ello y, además, escritos varios dispersos en libros y blogs he ido publicando en el transcurso de los años.

Así mismo quiero llamar la atención de las fauces abiertas de dragones en el nervio central de la bóveda. Son los “guardianes de las puertas del cielo”, por donde “navegan y transitan las almas” en su viaje escatológico. Al verlos recordé los existentes en las nervaduras de la Sala Capitular de la catedral soriana de El Burgo de Osma.

Y otro elemento muy a tener en cuenta es la iconografía del rosetón, de 3,5 metros de diámetro, tan similar al de Morella en sus tracerías de los doce arcos que nos rememoran, entre otras cosas, a las 12 posiciones solares en el transcurso de su recorrido zodiacal.

Dualidades en pugna

He fotografiado algunos capiteles en los que la dualidad se escenifica en duelos opositores: contra un jabalí, contra un unicornio y en forma de dos caballeros ecuestres combatiendo entre sí (motivos, los tres, que provienen del románico y que abundan, por ejemplo en la provincia de Soria y en el románico navarro). Vicios y virtudes, dicen algunos, que representan tales dualidades. Mas sabios hay que nos indican que hay que las “dualidades” hay que  “trascenderlas” y, tras captar que son complementarios y no opositores, llegar a una especie de “entente cordial”, cuya expresión alquímica era la “coniunctio oppositorum”.

Una clave de bóveda que hay en el patio cercano al Museo Parroquial , y que ignoro si corresponde a este templo, incide nuevamente en esta “lucha de los opuestos”: Un San Miguel (o un San Jorge: no olvidemos que estamos en tierra de la Orden de Montesa y de San Jorge de Alfama) alancea al dragón apocalíptico (o legendario). San Jorge, además, estaba presente en un retablo de 1448 que hubo en el palacio maestral y que posteriormente se colocó en la ermita del Salvasoria (despoblado próximo a Sant Mateu… cuyo topónimo lleva como sufijo el de mi tierra: Soria).

Retablo de las Ánimas y escatología

De la presencia de San Miguel en la parroquial de Sant Mateu hay constancia en fotografías del Instituto  Ametller destruidas durante la Guerra Civil correspondientes a un retablo en tabla, pintado probablemente por Valentín Montelíu (residente en Sant Mateu entre 1448 y 1468), representándole en el monte Gárgamo y en otras escenas de su imaginería miguelangelesca. Igualmente aparecía en otra tabla atribuida al taller de Valentín Montelíu, del que llaman retablo del Juicio Final, también destruido en la Guerra Civil.

San Miguel igualmente está presente en el Retablo de las Ánimas, alanceando al dragón apocalíptico, y situado por encima de la escena de la Misa de San Gregorio y debajo de las torres de la Jerusalén Celestial.

¿Y no conformarían un mismo retablo estas dos fotografías que hemos denominado del Juicio Final y de las Ánimas…? Es posible pues el tema escatológico de los diversos estados post-mortem con sus diferentes “estancias” y “habitantes” es el mismo y parecen estar pintadas por las mismas manos, por lo que, la parte de arriba (la del Juicio Final) correspondería a la parte derecha, cortada, del Retablo de las Ánimas. O tal vez correspondan a dos retablos escatológicos distintos….

Nota: dedico este artículo a quien nos sirvió de cicerone en Sant Mateu, Raúl Cabanes Tena, profesor de música en el Conservatorio de Benicarló y director de la Banda de Música de Sant Mateu, pueblo que tiene las siguientes actividades culturales en este mes de julio.

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