Ciclología de lo Polar a lo Solar, de Draco a Leo

Comenzaba ayer domingo por la mañana, día 27, a divulgar algunos «enigmas» en torno al Dragón y el León con el ensayo  Dragones y leones combatiendo como emblemas políticos y proseguía por la tarde con Una mirada al Dragón y el León en la Alquimia. En el inicio de este segundo ensayo sugería una breve interpretación alquimista de esta imagen tomada del libro Ein Richtiger-Wegweiser zu der Einigen Warheit in Erforschung der verborgenen Heimligkeiten der Natuhr (Una guía real de la verdad común al explorar los secretos ocultos de la Naturaleza), de Franz Clinge, publicada  en Berlín en 1701.

Y señalaba: «Este combate también tiene connotaciones astronómicas-astrológicas (Draco, Leo, Cáncer)». Podemos encontrar un referente iconológico astronómico-astrológico en el siguiente grabado mesopotámico.

De las múltiples interpretaciones que todo emana, el que ahora quiero destacar es el que me sugiere algunos ensayos escritos  por y recogidos en «Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada», a donde dirijo a las personas que quieran profundizar en ello, puesto que sólo voy a esbozar una hermeneúsis de este grabado y del marco cícliclo Polar-Solar con el que he titulado este artículo.

Es evidente que los animales de este grabado tienen sus transposiciones astronómicas-astrológicas y, para mí, el conjunto nos señala la implantación del «tiempo-espacio solar» sobre el «tiempo-espacio polar». León y cangrejo hacen referencia al Solsticio de Verano que es, en el simbolismo tradicional divulgado por Guénon, la «Puerta del Cielo» ligada a la «Vía de los Padres» o «Encarnación», esto es, la entrada al «mundo sublunar» para existir en este planeta Tierra. El dragón (constelación de Draco) es la Puerta Polar Celestial para no retornar jamás al ser superado «lo humano» y ascender por los «estados suprahumanos» del Ser. Es, por tanto, «una caída» lo que expresa este grabado en su conjunto (ya digo que no voy a profundizar por lo que dirijo a los lectores interesados al citado libro, así como a «Simbolismo de la Cruz» y «Los estados múltiples del Ser», también de René Guénon).

La constelación de Draco es, ante todo, POLAR, mientras que Leo es Zodiacal-solar. Y, como bien aprendí siendo adolescente, «la Polar es lo que importa».

Draco y las dos Osas (Mayor y Menor)

La estrella Thuban de Draco fue la Polar hace cuatro milenios y medio (actualmente es Polaris, en la Osa Menor).
Debido, ante todo, al movimiento de la Tierra con respecto al sol que origina la Precesión de los Equinoccios (véase el blog de Francisco Ariza). El «círculo celeste» de tal «bamboleo», que «se completa» cada 25.920 años, se proyecta astronómica-astrológicamente en seis estrellas principales que pasan a ser la «Estrella Polar» en sus períodos correspondientes.

El planeta Tierra tiene actualmente su eje terrestre inclinado 23º 27′ en relación al eje de la eclíptica, o sea, que no es perpendicular al de su órbita solar, y de ahí que tenga un movimiento precesional basulante (como en una peonza, por poner un simil).

El Polo celeste de ese Eje Polar no Equinoccial se encuentra enmarcado dentro de la constelación Draco. En los mitos, esa época en la que la Tierra no  «basculaba» al no existir todavía el movimiento de Precesión de los Equinoccios y no existir, por ello, las estaciones (primavera, verano, otoño e invierno) sino que existía una Eterna Primavera, ha sido llamada «Edad de Oro» y su Humanidad Primigenia, se dice, que vivía en territorios boreales o hiperbóreos, es decir… polares.

De esta «Edad de Oro» queda, en la mitología, la adscripción a diversos dragones de ser los Protectores del Tesoro Difícil de Alcanzar, como Ladón, Guardián del Jardín de las Hespérides, o como el dragón de la Cólquida que protegía al Vellocino de Oro.

Nota: siento no poder extenderme en explicaciones pormenorizadas de lo que aquí expongo, pero con las referencias bibliográficas me excuso en profundizar sobre ello puesto que considero que tiene que ser una «indagación personal» la que aporta Conocimiento, y no lo que yo pudiera resumir de lo expuesto por Guénon o señalado por Francisco Ariza, entre otros…

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