Dos tarascas en el escudo del Obispo De la Quadra en la catedral de El Burgo de Osma

Habré visto un centenar de veces los dos escudos mellizos episcopales del primer cuerpo de la torre barroca de la catedral de El Burgo de Osma, pero nunca los había “mirado” con atención como lo he hecho a inicios de este mes de julio. Y mi sorpresa fue enorme al constatar en los bordes inferiores, en la zona heráldica de los soportes y tenantes, a dos figuras draconianas con grandes ubres. Inmediatamente las relacioné con las tarascas y mi posterior cotejo con imágenes de tarascas de la procesión del Corpus Christi en el Madrid del siglo XVIII me lo ha ratificado.

El blasón pertenece al vasco Pedro Agustín de la Quadra y Achiga, obispo de Osma entre 1736 y 1744, promotor y patrono (pues de sus “dineros” salió, en gran parte) de la torre barroca de 72 metros de altura de la catedral de la villa episcopal burgense. La primera piedra se colocó el 26 de junio de 1739, habiendo manifestado el 21 de marzo al cabildo –previa a su primera visita pastoral diocesana- su voluntad de “levantar a su costa” la nueva torre ya que la anterior se había caído el 25 de diciembre de 1734, en el episcopado de José de Barnuevo. Así mismo el obispo de la Quadra, antes de su fallecimiento en septiembre de 1744, legó una tercera parte de su herencia para proseguir las obras de la torre, cuyo primer cuerpo –a partir de piedra caliza de una cantera de Ucero- se terminó de construir al inicio del verano de 1752, culminándose la torre en 1767.
Si observamos detenidamente las imágenes podemos ver que las dos dragonas están atadas por el cuello. O sea, que están domadas, como le pasó a la tarasca primigenia, la sometida por San Marta en el sur de Francia, según cuenta Santiago de la Vorágine en el siglo XIII.

Además llevan cascabeles bajo el cuello, un rasgo más de su “doma” y, al mismo tiempo, un “guiño” al uso de los mismos como instrumentos musicales que tocaban los ministriles, junto a otros, al lado de las tarascas encabezando las procesiones del Corpus Christi.

Estas tarascas procesionales, que eran artefactos de madera y cartón, fueron prohibidas por Carlos III al incluirse en su Real Cédula del 21 de julio de 1780, que todos los obispos hicieron llegar a los párrocos para su cumplimiento.

No fue la única prohibición llevada a cabo por Carlos III respecto a festejos sacro-profanos, y seguramente estuvo aconsejado al respecto por su confesor, Joaquín de Eleta, nacido en El Burgo de Osma en 1707.

La presencia de estas dos representaciones de la tarasca en el blasón del obispo De la Quadra puede comprenderse como alegoría de la victoria sobre el mal en forma de vicios y pecados diversos asignados a las tarascas tradicionalmente.

Loperráez, cronista diocesano de Osma, describía el escudo en sí de esta manera: : «Escudo partido en palo: á la derecha quatro fajas ó barras inclinadas á la izquierda : á la siniestra cruz de Calatrava , y por orla ocho cruces ó aspas.. » O sea, que la cruz flordelisada la asigna a la Orden de Calatrava,  y en cuanto a las ocho cruces hay que señalar que son patadas.

Nada dice de los ornamentos exteriores: capelo episcopal y sus bordones, ángel alado en el timbre y, sobre todo, las dos tarascas de espaldas o adosadas en la parte inferior, con las dos cabecitas angulares bajo las dos ubres  (¿serán sátiros o representarán a los Vientos correspondientes?).

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