Enigmas desvelados de la estatua de Moisés en la catedral de El Burgo de Osma

En esta conferencia se incluye un apartado relativo al dragón celestial del báculo de la estatua de Moisés en la catedral del Burgo de Osma, objeto de este ensayo.

La catedral gótica de la villa episcopal de El Burgo de Osma comenzó a a construirse en 1232 por mandato del obispo don Juan Díaz, que fue canciller Real de Fernando III el Santo y obispo de Osma desde 1231 y 1240.

La portada principal, meridional, muy probablemente la mandó hacer el obispo don Agustín en torno a 1280. Don Agustín fallecería en 1286 y fue nombrado obispo en 1261. Don Agustín había nacido en Soria. En 1268 renovó la hermandad con Santo Domingo de Silos y el Cabildo. Rigió la diócesis durante los reinados de Alfonso X el Sabio (fallecido el 4 de abril de 1284) y de Sancho IV). Don Agustín «trató de extender la devoción de San Pedro de Osma a otros obispados, con el fin de obtener nuevos ingresos para proseguir las obras»

En la arquivolta más exterior, cual chambrana, se esculpió un bestiario en el que vemos varios dragones. Ahora bien, en lo que vamos a prestar atención es al dragón que porta Moisés.

En los intercolumnios, el primero de los seis personajes bíblicos de tamaño natural que vemos a la izquierda de la portada vemos una escultura que representa a Moisés. Sobre su cabeza se perfilan dos cuernos (dos haces de luz mal interpretadas como cuernos, los cuales expresaban imágenes relacionadas con el poder, la victoria, la majestad y la gloria.

Moisés con sus atributos enigmáticos a desvelar: cuernos, Tablas de la Ley, báculo y dragón. Catedral del Burgo de Osma

Además porta Moisés, con su mano derecha, las dos tablas de la ley. Repite así el modelo mosaico como legislador de Chartres, Amiens, Reims, León, Burgos, entre otra catedrales.

Con la mano izquierda sujeta una columnilla que rememora a la vara o bastón mosaico mencionado en el Éxodo y Deuteronomio. La columnilla está rematada por un animal alado, actualmente sin cuerpo, pero que correspondía a un dragón, tal y como acontece, por ejemplo, en la sillería del coro de la catedral de León, así como en portadas de catedrales de Reims y Chartres como he comprobado por internet y tal y como refiere José María Martínez Frías en su tesis doctoral sobre el gótico de la provincia de Soria (1).
Al intentar comprender simbolismos subyacentes a esta estatua -distintos a los propiamente cristianos en los que nos hemos educado-, me he quedado sorprendido ante las diversas consideraciones que Moisés ha tenido en el Judaísmo y, muy especialmente, en la Cábala medieval que conforma el esoterismo judío principalmente. Una Cábala que tiene su gran cimentación coetáneamente a la época en la que se está construyendo la portada meridional de esta catedral y que tiene como referente al libro “Zohar”. Esta obra fue compilada en Guadalajara por Moshe Sem Tob, Moisés de León, amigo de varios cabalistas sorianos. entre los cuales quiero destacar a Yosef Chiquitilla (1248-1323) quien, a su vez, conocía las concepciones teosóficas cabalísticas de los hermanos Jacob e Isaac ben Jacob ha-Cohen, probablemente nacidos en la provincia soriana, y que trajeron a Castilla la Cábala surgida en la Provenza con Isaac el Ciego (2).

Un libro que me ha servido para reparar en la gran importancia que tiene Moisés para los cabalistas de la segunda mitad del siglo XIII es el editado por Siruela, escrito por Moshe Idel y titulado «Cábala. Nuevas perspectivas», a donde remito a las personas que quieran profundizar en ello. Idel nos recuerda que la alta consideración cabalística en torno a Moisés se fundamenta en la que ya tenía en el judaísmo ortodoxo y en diversos comentarios exegéticos o midrashim.

El cumplimiento de los diez mandamientos, por ejemplo, fue objeto de rituales con trasfondo teúrgico (lo cito por la presencia de las dos tablas de la Ley Mosaica en la estatua del Burgo de Osma). Así mismo destaca la relación de las diez palabras de la Creación en el Génesis con las diez plagas de Egipto, los diez mandamientos y los diez sefirots o centros de consciencia en el ser humano y en el primegenio Anthropos cabalístico denominado Adam Kadmon. El número diez, por tanto, es un «arquetipo numérico» constelado en el Decálogo o diez mandamientos mosaicos, tal y como ya desvelara Filón de Alejandría, filósofo judío helenístico fallecido en torno al año 45 d.C.

Si buscamos en internet, veremos que para Filón de Alejandría, «Moisés no es solo un líder histórico o un profeta bíblico, sino el arquetipo del sabio perfecto y el filósofo supremo. En su tratado ‘Vida de Moisés’ Filón lo presenta como el ideal platónico: el rey, legislador, sumo sacerdote y profeta que logró la unión máxima con lo divino». Estas consideraciones fueron recogidas por la Cábala y, por mi parte, me ha amplificado el simbolismo de la efigie de Moisés en la portada meridional de la catedral del Burgo de Osma.

La estatua, con sus atributos (dos cuernos, las dos Tablas y esa columnilla-vara-bastón rematada en dragón) escenifica el momento en el que Moisés baja del Monte Sinaí tras su tercera gran teofanía con «el dios de Abraham y Jacob». La primera teofanía acaeció ante la «zarza ardiente», la segunda al recibir las primera Tablas de la Ley hechas y escritas por el mismo dios, y la tercera teofanía al subir él nuevas tablas de piedra sobre las que dios escribe el decálogo.

Moisés en catedral del Burgo de Osma

Toda la fenomenología mosaica se encuentra especialmente señalada en el libro «Éxodo» del Pentateuco o Torah, tradicionalmente atribuido a Moisés como su autor (era lo que se creía hasta no hace mucho, pero hoy día es muy difícil sustentarlo, en opinión de muchos investigadores). Y esa biografía mosaica ha sido reflejada en el cine, sobre todo en la película «Los diez mandamientos» dirigida y producida por Cecil B. DeMille en 1856, y protagonizada por Charlton Heston; film que seguramente han visto todas las personas que están leyendo esto y que refleja el «poder mágico» que tiene la vara-bastón de Moisés.

Investigando sobre esta vara-bastón he conocido a finales de mayo el relato arquetípico que recoge el “Midrash Va-yosa”, fechado a finales del siglo XI. Esta vara pasa a ser una de las diez cosas maravillosas creadas en el sexto día del Génesis, al atardecer de la entrada en el primer sabbat. Al ser expulsado Adán del Paraíso, éste se la llevó consigo y fue pasando desde su tercer hijo, Set, hasta José ben Jacob a través de los grandes prohombres bíblicos y profetas. Al morir José el faraón se apropia de la vara y Jetró se la roba y la planta en su jardín donde arraiga. Todo aquel que quería casarse con su hija preferida, Séfira, tenía que intentar arrancarla pero todos fueron «devorados» por la vara; todos menos Moisés que la sacó -cual Arturo con la espada Excalibur- sin esfuerzo alguno y que, como recompensa, tomó como esposa a Séfira.

Este relato, unido al «poder mágico» que tuvo dicha vara-bastón en manos de Moisés, transforma la visión normal que afrontamos al contemplarla en la mano izquierda del Moisés de esta catedral del Burgo de Osma. El relato midrásico es, el fondo, muy esotérico. Entre otras cosas convierte a esta vara en una especie de «tesoro difícil de alcanzar», muy peligroso porque «devora» (cual dragón) a quien no merece «desposarse» con la representante humana de la Sophia (en términos junguianos: la cumbre psicoidea del arquetipo de la anima).

Ahora bien, lo que más me ha conmocionado en esta revisión iconográfica que he realizado en los últimos días en torno a la susodicha estatua mosaica del Burgo de Osma es comprender que esta columnilla-vara-bastón-cetro en cuya cima reposa el dragón alado, en la mano izquierda de Moisés (al que bien cabe ver como una representación del legislador primigenio Manu, en la terminología de René Guénon), está nada menos que simbolizando al AXIS MUNDI, EL EJE DEL UNIVERSO, esto es, al Intelecto Principial (Budhi en el Vedanta, reflejo de Atman, como este último lo es de Brahma). O sea que es el «eje vertical de los estados múltiples del ser» (también denonimado “sutratma” en el Vedanta) por el que se está en «contacto» con la divinidad y por el que se asciende por los «estados superiores del ser», en términos guenonianos (3).

Cabeza de Moisés con sus cuernos y, encima del baston-columna, el dragón alado descabezado. Catedral del Burgo de Osma

Por otro lado, en el curso de mis indagaciones no he podido por menos que identificar a este dragón cimero de la vara de Moisés con el dragón llamado Teli, cuya primera mención en los textos judíos es el libro “Sefer Yetzirah”, sobre el cual escribió algunas líneas el cabalista soriano Yosef Gikatalia en el capítulo segundo de su “Ginat Egoz” (1248).

El “Sefer Yetzirah”, según Arieh Kaplan “es sin duda el más antiguo y misterioso de entre los textos cabalísticos” (4). La tradición dice que sus principios esenciales provienen del patriarca Abraham. Aparece citado en el siglo VI y los primeros comentarios al libro son del siglo X.

Pues bien, en el inicio del capítulo sexto dice “Sefer Yetzirah” leemos: “El Teli en el Universo es como un rey en su trono”. Y Arieh Kaplan explica que Teli podemos considerarlo, en primer lugar, como “el eje alrededor del cual gira el universo” y, en segundo término, como el mediador o vínculo entre el Espíritu y el mundo físico, dicho en términos guenonianos, el dragón Teli es una forma simbólica de representar el “eje vertical de los estados múltiples del ser” que he citado anteriormente.

Kaplan insiste en que muchos cabalistas consideran que Teli “es el eje imaginario alrededor del cual giran los cielos”, mientras que otros consideran que es la “Serpiente Polar” citada por Job, la cual es identificada frecuentemente con la constelación de Draco que rodea a las dos Osas y por tanto al Polo Norte Estelar, e incluso hace 4.500 años la estrella Thuban de la cola de Draco llegó a ser la estrella polar.

Como se sabe en astronomía y astrología hay dos polos celestes imaginarios. “El primero es el polo celeste, directamente encima del polo norte de la Tierra. El segundo es conocido como el polo de la eclíptica que es el polo de la esfera de la cual la eclíptica es el ecuador”, resume Kaplan.

La eclíptica por tanto es el círculo imaginario en la esfera celeste trazado por el plano de la órbita de la tierra alrededor del sol. Y en el sistema geocéntrico medieval, en el que la Tierra era el centro del universo, tanto el sol y a las estrellas eran percibidas como girando en torno a la Tierra. A lo largo del año el sol iba ocupando una posición diferente en relación con las constelaciones y otras estrellas, siendo las principales las agrupadas en los signos zodiacales. Y en este sistema estelar geocéntrico la constelación de Draco está rodeando al polo de la eclíptica y por eso las estrellas de esta constelación van ocupando la cumbre de las 12 secciones zodiacales por lo que se dice que los 12 signos zodiacales “cuelgan” de Draco.

Kaplan correlaciona estos datos de la siguiente manera: “Puesto que la Serpiente Polar tiene estrellas en todas las casas del Zodíaco, es vista como sosteniéndolas a todas. Es como si Draco ocupara el punto más elevado de la esferea celeste y todas las demás estrellas colgaran de él. En ese sentido Draco es considerado el supervisor y director del resto de las estrellas. Draco es entonces asociado con Teli que, como el Sefer Yetzirah afirma, está sobre el Universo como un rey en su trono. Es llamado el Teli porque las demás constelaciones cuelgan (‘talah’) de él”.

Pero es que, además, hay comentarios filosóficos y textos astronómicos en los que el Teli viene a representar la oblicuidad o inclinación que separa la eclíptica del ecuador celeste o círculo imaginario por encima del Ecuador terrestre, de ahí que se aluda al Teli como un dragón.

Y por último, apunta Kaplan, “los astrónomos hebreos también usan el término Teli para referirse a la inclinación de la órbita de un planeta cualquiera respecto de la eclíptica, particularmente en el caso de la luna”. Pues bien, hay dos puntos en los que la luna y la tierra intersecan con este plano de la eclíptica en los denominados nodo ascendente o cabeza de dragón y nodo descendente o cola de dragón. Solo en tales puntos es donde tienen lugar los eclipses de sol y de luna; estos dos nodos lunares son, por tanto, dos puntos matemáticos donde la órbita de la luna cruza el plano de la órbita de la Tierra alrededor del Sol (la eclíptica).

Añadiré, para terminar, que considero que el nombre hebreo Teli deriva del acadio “atttalû” que significa «eclipse (lunar o solar)». También estimo que dicha palabra fue adoptada por el arameo como ’ātaljā y de ahí fue traducida al griego como “athalia”.

NOTAS

1.- «Con la mano izquierda agarra una columna, en la que descansa un animal descabezado, con las alas desplegadas, identificable no con un águila, como se ha venido diciendo, sino con una especie de dragón alado, tal como suele ser de rigor en la representación de este atributo.Esta columna o «percha
totémica» viene siendo considerada como la versión plástica de la secuencia bíblica correspondiente a la erección de la serpiente de bronce por parte de Moisés. Chartres, Reims, Amiens, Senlis -aunque aquí ha desaparecido el animal- y León, nos ofrecen este mismo atributo», comenta María Martínez Frías en la página 104 de su libro «El gótico en Soria. Arquitectura y escultura monumental» (Universidad de Salamanca, Diputación de Soria, 1980).

2.- Décadas atrás escribí sobre ello en mi serie «El Otro Lado», concretamente en los «Judíos cabalistas sorianos» y «Del Talmud a la Cábala» (Soria 7 Días, 21 de mayo y 4 de junio de 1994), así como en el capítulo «La Qabbbalah» de mi ensayo novelado «Los custodios del Grial. Los códices templarios del río Lobos» (Sotabur, 1997, pp. 139-142).

3.- Véanse estos libros de René Guénon: «El hombre y su devenir en el Vedanta», «El simbolismo de la Cruz» y «Los estados múltiples del ser», así como el ensayo «Espíriu e Intelecto».

4.- Aryeh Kaplan, “Sefer Yetzirah”, Ed. Mirach, 1994. Es la obra en la que he encontrado un buen número de páginas sobre el dragón Teli.

 

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