La Puerta del Batallador en Santa María del Rey (Atienza)

Mea culpa

En febrero de 1997 publiqué la primera de las cinco ediciones de mi libro de viajes «Por tierras de Soria, La Rioja y Guadalajara» en cuya ruta segunda, la de Mío Cid, dediqué cuatro páginas al Conjunto Histórico Artístico de la villa de Atienza (Guadalajara), sin que me apercibiese de la modesta portada norte de la primera de las iglesias cristianas atencinas edificadas, la de Santa María del Rey, a la que tan sólo dediqué un párrafo y una fotografía de las arquivoltas de su portada principal, la sur. Mea culpa.

Santa María del Rey y el torreón de lo que queda del castillo de Atienza

Mea culpa porque, pese a la decena de ocasiones que, desde 1997, pisé las calles de Atienza, nunca me acerqué a contemplar la portada septentrional de Santa María la Real, seguramente porque ignoraba su existencia.

Mea culpa porque extasiado ante las celosías mudéjares de la cercana iglesia de Santa Coloma de Albendiego, no indagué más acerca de las huellas islámicas en el arte románico de esta zona ni reparé en otra cosas sino las celosías de Albendiego. Mi «arrebato» ante Santa Colomba de Albendiego lo plasmé en 2005 en las 38 páginas del capítulo cuarto de mi libro Esoterismo Templario. Santo Alto Rey-Albendiego (Guadalajara) y San Bartolo en el Cañón del río Lobos (Soria). Años después, en 2012, y a petición del cronista de Guadalajara y editor de aache, Antonio Herrera Casado, escribí  «Guía Templaria de Guadalajara» en la que hay 16 páginas dedicadas a Santa Coloma de Albendiego en su capítulo sexto.

Mea culpa, porque pese a haber leído en su día algunas páginas del monográfico dedicado a Atienza por Francisco Layna Serrano, y tener en casa -y consultado desde hace una década- la enciclopédica obra «La herencia románica en Guadalajara» que dedica seis páginas a Santa María del Rey, no me di cuenta de la referencia que hacen de Layna Serrano cuando éste transcribe las dos inscripciones.

Y ha sido preciso que, a finales de enero, leyendo a Antonio Herrera Casado al indagar sobre la presencia de Alfonso I el Batallador en el norte de la provincia de Guadalajara cuando me he enterado de la existencia de las dos inscripciones del arco de esta portada norte que tiene, por tanto, un doble interés para mí: el derivado de la inscripción cúfica, islámica por tanto, y el proveniente de la inscripción latina y cristiana. Mea culpa.

«El programa teológico de la portada románica de Santa María del Rey en Atienza» es el título del ensayo escrito por él y Fernando Suárez de Arcos, que puede leerse online en la página personal de Herrera Casado (que ha reeditado el monográfico de Atienza escrita por Layna Serrano); artículo que si bien está dedicado a la portada principal, dedica dos párrafos, una fotografía y un dibujo esquemático, a la marginadísima puerta septentrional que, por mi parte, he bautizado como Puerta del Batallador.

El Batallador y Santa María del Rey en Atienza

La gran importancia que tiene la epigrafía latina de esta sencilla portada en la historiografía del Batallador, rey de Pamplona y Aragón, así como rey de León y Castilla durante los años en que se mantuvo cierta armonía en su matrimonio con Urraca, hija de Alfonso VI el Emperador, ha pasado desapercibida por sus biógrafos, incluidos los más insignes de la contemporaneidad, José María Lacarra y José Ángel Lema Pueyo.

Yo mismo, que llevo casi tres años leyendo sobre Alfonso I, no había tenido referencia sobre esta inscripción en la que sí reparó Layna Serrano. Su transcripción, que creo que sigue siendo la única dada, es la siguiente: IN NOMINE DOMINI IESU X(P1)BITUR (BENEDICITUR) IN ERA MILESIMA CL DOMO ECCLESIE SANTA MARIA VOICA (VOCIGATA)… FUIT IN EODEM TEM­PORE ENIE REX ALFOS DE ARAGONE… MP (ERANS) IN CAST (ELLA).

Para que pueda leerse la parte referida al Batallador, hemos girado la fotografía
Fotografiando la Puerta del Batallador y señalando con el dedo dónde se encuentra la referencia a Alonso de Aragón

Es decir, que este dato epigráfico nos indica que esta iglesia de Santa María contó con el patronazgo de Alfonso de Aragón, esto es,  del Batallador, y tal vez la data de 1112 sea la referida a su consagración. Y, que yo sepa, es la ÚNICA inscripción existente en toda la península ibérica referente a la consagración y/o edificación de una iglesia por El Batallador.

Ana María Asensio Rodríguez, Ana Mª («La arquitectura románica en el partido de Atienza, en Wad‑al‑Hayara, 5, 1978, pp. 89‑101), siguiendo a Layna destaca que es el templo más antiguo de Atienza y resume su evolución así: «La iglesia se erigió en el núcleo principal de la villa primitiva, al pie del castillo. En el siglo XV conseguida la unidad de España y una vez. perdida la zona su importancia estratégica, sus pobladores y feligreses se marcharon a la parte baja del pueblo o bien emigraron, por lo que a finales del siglo XVIII pasó a depender de la Trinidad, hasta desaparecer como Parroquia. Debido a su estado ruinoso se cerró al culto y se utilizó como cementerio».

Y añade: «Bajo el gobierno en Castilla de Alfonso I de Aragón, el Batallador, como esposo de la Reina Urraca, se levantó la Iglesia sobre los terrenos que ocupaba una antigua Mezquita, consagrada como iglesia cristiana a raíz de la Reconquista y puesta bajo la advocación de la Virgen María. La Iglesia por su origen se denominó Santa María del Rey, o mejor dicho del barrio del Rey, ya que el Monarca a su vez introdujo una serie de mejoras en el antiguo caserío. Algunos escritores la llaman también Santa María la Real… A fines del siglo XVI, principios del XVII, Santa María sufrió una completa transformación, siendo posiblemente la torre de esta época. De la obra románica sólo quedaron las puertas y el ábside cuadrangular».

 La otra inscripción, en cúfico, ha sido interpretada como «La permanencia es de Dios», que será objeto de otro artículo por nuestra parte próximamente.

Teniendo en cuenta estas dos leyendas epigráficas los autores de «La herencia románica en Guadalajara» consideran que «ambas presumiblemente conmemoran la existencia de una antigua mezquita transformada en iglesia cristiana en 1112 que, debido a la reciente conquista de la plaza, debió tener un carácter provisional y fue sustituida, a principios de la siguiente centuria, por el templo actual». A su vez advierten que cuando Layna estudió la puerta en 1934, «constaba de una tercera arquivolta sobre columnas que hoy no existe, con un grueso bocel y fina labor de reticulado; y una chambrana a bisel completaba el ornato del vano».

 La descripción de esta portada es la siguiente en  Asensio Rodríguez: «Forman la puerta dos arcos, de los cuales el más profundo está decorado con las inscripciones anteriormente Citadas y descansa en pilastras cuyos capiteles nos ofrecen una jugosa decoración vegetal. El segundo arco muestra un baquetón en el que se. enrollan temas vegetales y nos recuerda al que encontramos en la puerta meridional de Nuestra Señora del Val. Apoya en columnas acodilladas, hoy restauradas. Los capiteles contrastan por su carácter esquemático con los primeros».

Ubicación de la inscripción latina del patronazgo del Batallador en Santa María del Rey de Atienza, y epigrafía cúfica

 

 

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