Jaime II de Aragón y Arnau de Vilanova de quien se dice que fue alquimista notable

Arnaldode-VilanovaLa gran relevancia que el valenciano Arnau de Vilanova  (nacido en 1235) tuvo en Jaime II “el Justo” la resume José Hinojosa Montalvo en su libro “Jaime II y el esplendor de la Corona de Aragón” al calificarlo como mentor espiritual del rey aragonés, además de médico de la familia real (como lo había sido de Pedro III desde 1281). “Actuó como embajador de Jaime II en numerosas cortes, reales y pontificia, y fue en una misión que llevaba a cabo en París, a propósito de la pertenencia del Valle de Arán, cuando expuso su `De tempore adventus Antichristi´ a los teólogos de la universidad parisina, lo que le costó caer en manos de la Inquisición, librándose por su condición de diplomático”, agrega. También fue médico de los papas Bonifacio VIII, Benedicto XI y Clemente V, así como de Carlos de Anjou y de Federico III de Sicilia, hermano de Jaime II, siendo Federico III “el más ilustre seguidor de las propuestas espiritualistas de este personaje, hasta su muerte el 6 de septiembre de 1311”.

Indica Hinojosa Montalvo que Arnau de Vilanova “también defendió y teorizo sobre los movimientos de reforma de la Iglesia, en particular de los espirituales de la orden franciscana, defensores de la pobreza”, con los que simpatizaba. Seguidamente asevera que “fue el auténtico mentor espiritual de la época, animando a Jaime II y a la reina Blanca a llevar una vida devota y humilde, de la que debían dar ejemplo en primer lugar los reyes”. Igualmente le califica como “una de las figuras más notables de la ciencia médica en los siglos medievales, apareciendo como un hombre de frontera, claramente vinculado al arabismo y al escolasticismo”, siendo conocido igualmente por las versiones que hizo de textos hipocráticos y de Galeno durante su etapa universitaria en Montpellier donde fue regente (rector) de la Escuela de Medicina a partir de 1289.

El cronista Jerónimo Zurita escribió sobre Arnaldo de Vilanova: “Es aquel famoso doctor y singular médico y de los más excelentes filósofos que hubo en sus tiempos, grande escudriñador de los secretos y maravillas de las influencias y operaciones del cielo”.

Lo que no citan Zurita e Hinojosa del Campo es la faceta alquimista atribuida a Arnaldo de Vilanova, que es precisamente la que quiero destacar y de la que comencé a ser consciente cuando leí por vez primera el libro “La psicología de la transferencia” de C.G. durante la segunda quincena de julio de 1982, hace exactamente 34 años. Y volví a encontrármelo en otra de sus obras, “Psicología y ”, también de Jung, que leí durante la segunda quincena de julio y la primera de agosto de 1984. Pero fue realmente “La psicología de la transferencia” la que centró mi atención en Arnau de Vilanova puesto que Jung le consideraba como el autor de la obra alquimista que analiza exhaustivamente basándose en su hermenéutica simbólica basada en su teoría de los arquetipos del inconsciente colectivo y en las proyecciones del inconsciente enmarcándola en lo que él denominaba Proceso de Individuación por el que el psiquismo va desprendiéndose de “egos” y proyecciones hasta fundirse con el Sí-Mismo (la “chispa divina” de la que hablaba Maister Eckart, y que es la fuente y final de toda vida psíquica).

La obra en cuestión es “Rosarium Philosophorum” –“Rosal de los Filósofos”- que diversos ensayistas atribuyen a Arnau de Vilanova, como por ejemplo Lucien Gérardin para quien Arnau “cubre múltiples campos: medicina, astrología, filosofía, explicación de los sueños, magia y, desde luego, alquimia”. Para Gérardin, este tratado “sirvió de modelo a las innumerables obras que fueron escritas más tarde; el lenguaje se hizo cada vez más impenetrable, las operaciones se disimularon tras un manto simbólico cada vez más complicado y ya no hubo innovadores, salvo Paracelso”. Claro está que hay investigadores que niegan que Arnau de Vilanova escribiera tratados de Alquimia, como Ramon Lllul… Y asi así fuese la cuestión es por qué se les ha achacado de ser grandes alquimistas y atribuido tales obras, como es el caso del Rosarium.

Laminas del Rosarium Philosophorum

Serge Hutin se hace eco de una tradición (leyenda sin fundamento según algunos) por la que el mallorquín Ramón Llull  fue discípulo de Arnau en Montpellier, “a quien transmitió el secreto que permitía realizar las transmutaciones”, o sea, el  “secreto de la Gran Obra”.

En el Arte Real de la Alquimia “cristiana” encontramos cómo diversos alquimistas recurrieron a la polisemia del simbolismo para enlazar a Cristo con el “Lapis Philosophorum”. Este paralelismo simbólico lo recoge Jung en “Psicología y Alquimia” (pp. 244-291), donde nos informa que la relación más antigua que ha encontrado procede del capítulo IX de la obra “Codicillus”, atribuida precisamente a Ramón Llull. Igualmente transcribe del “Rosarium” el texto que acompaña a su última imagen, la de Cristo resucitado: “Después de mis muchos padecimientos y de mi gran martirio, he resucitado purificado y libre de toda mancha”.

Resucitado-en-Rosarium-Philosophorum

Escrito en Tajueco, 30 de julio de 2016

Pere Arnau de Vilanova

Al parecer podría ser Pere Arnau de Vilanova el verdadero autor de las primeras obras alquimistas atribuidas a nuestro personaje, según José Rodríquez Guerrero, para quien el autor original fue un médico cirujano y alquimista de Montpellier llamado Perarnau de Vilanova.

Perarnau de Vilanova

Notas sobre Pere Anauld de Vilanova

 

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