Pilar de Valderrama no es la Guiomar poética de Antonio Machado

Libros consultados para realizar este artículo donde afirmo que Pilar de Valderrama no es Guiomar

Pilar Valderrama no es la Guiomar poética de Antonio Machado

Ángel Almazán de Gracia

Soy de los machadistas  (especialmente  quiero citar a Miguel Ángel Baamonde) que niegan que el personaje poético femenino «Guiomar» corresponda a Pilar de Valderrama. Compilemos fechas porque la cronología ayuda a elucidar cuestiones diversas que confluyen en la vida-obra de Antonio Machado.

Conocido es que Antonio Machado y Leonor Izquierdo se casaron en el 30 de julio de 1909: él con 33 años, ella con 15 (la edad jurídico-legal autorizada entonces). Lo que ya no es tan conocido es que junto a la desembocadura del Bidasoa en el Cantábrico, asentados en Fuenterrabía, vivieron su luna de miel, que imaginamos fue apasionada. Estuvieron en Fuenterrabía al menos mes y medio.

Sabemos que el matrimonio con Leonor finaliza con la muerte de ésta en 1912, el 1 de agosto, día pancelta de Lugnasad por cierto. Machado se marcha inmediatamente  de y no regresará hasta que le homenajean el 5 de octubre de 1931 (importante fecha a registrar para el affaire Machado-Pilar de Valderrama). Y Leonor, su Leonorina (como así la llamaba en vida), se convierte, tras su muerte, en la gran musa cuando, ya en Baeza, su ausencia se hace presente «cada día, todavía» en su imaginación creadora poética.

A finales de mayo de 1928 conoce a Pilar de Valderrama en Segovia. Ella está casada, tiene 22 años menos que él, es una mujer culta y poetisa, pero está casada con un hombre que le ha sido infiel y, además, su casta social es la alta burguesía y, para más inri, es católica-apóstólica-romana y políticamente monárquica y de derechas, o sea,  muy opuesta a la ideología republicano-institucionista-krausista del anticlerical Antonio Machado. Y pese a ello, una de las «partes heterogéneas» o «conciencias individuales» de Antonio Machado se enamora de Pilar Valderrama, sólo una de ellas, la que se plasma en las 36 cartas conservadas suyas, escritas desde el 11 de enero de 1929 a julio de 1932.

Así que para nada niego que Pilar Valderrama (1889-1979) deja embobado-abobado al poeta sevillano, pero rechazo que ella sea Guiomar, y ciertamente nunca la llamó así en sus cartas, pero sí que se apropió ella de tal nombre décadas después con su libro póstumo, de 1981, Si, soy Guiomar. Memorias de mi vida (recordemos que Machado había fallecido en 1939).

¿Cuándo aparece la figura-imago literaria de Guiomar con su nombre propio. Si vamos a las Obras Completas de 1933, con el numeral CLXXIII, vemos agrupados tres secciones poéticas bajo la denominación Canciones a Guiomar completando De un Cancionero apócrifo. Ahora bien, antes de aparecer en Obras Completas de 1933, dos composiciones, la II y III, fueron publicadas en Revista de Occidente (nº LXXV, septiembre de 1929), bajo el título «Canciones«.

¿Pero qué heterónimo es el autor de tales Canciones a Guiomar tal cual aparecen en las Obras Completas de 1933 y 1936? No se adscriben ni a Abel Martín -pese a encuadrarse en su teoría erótica-, ni tampoco a Juan de Mairena, ni al discípulo de éste, Jorge Meneses…

¿Qué consciencia individual del caleidoscopio de autorías machadianas puede ser su autor entonces..? La respuesta que encuentro es el heterónimo homónimo al poeta demiúrgico, esto es, el apócrifo Antonio Machado, uno de los 34 autogenerados (cinco ensayistas, seis filósofos y veintitrés poetas). Un apócrifo Antonio Machado que surge en su primer Cancionero apócrifo recogido en los papeles Los complementarios, y del que aporta esta breve e irónica biografía: «Nació en Sevilla, en 1895. Fue profesor en Soria, Baeza, Segovia y Teruel. Murió en Huesca, en fecha no precisada. Algunos lo han confundido con el célebre poeta del mismo nombre, autor de Soledades,  Campos de Castila, etcétera».

Guiomar reaparecerá en poemas insertos en el octavo artículo de la serie periodística Juan de Mairena publicado el 3 de enero de 1935 en Diario de Madrid y que se incluyen después en la edición de Obras completas del año siguiente, 1936, con el numeral CLXXIV bajo el título agrupado de «Otras canciones a Guiomar. A la manera de Abel Martín y de Juan de Mairena« (en donde se incorporan los poemas VII y VIII, ausentes en Diario de Madrid que son los que cabe suponer están escritos «a la manera de Juan de Mairena» ya que los anteriores, en Diario de Madrid, Mairena los atribuye a Abel Martín, su maestro).

El heterónimo Abel Martín surge en 1925 aunque su obra, su segundo Cancionero apócrifo, se publica en Revista de Occidente, nº XII y XIII (mayo-junio de 1926), por tanto ambos (Abel Martín y su Cancionero apócrifo) son coetáneos del inicio de la colaboración teatral de los dos hermanos, Antonio y Manuel, ya que el 1 de junio de 1925 concluyeron el primer acto de Desdichas de la fortuna, o sea, que son contemporáneos de otra de las personalidades caleidoscópicas machadianas, la del demiúrgico creador de personajes teatrales.

Y dicho todo lo anterior, retorno al origen de este artículo. Decía al inicio de mi escrito que los poemas «apócrifos» de «Otras canciones a Guiomar» van a servirme para demostrar que Guiomar no es Pilar de Valderrama.

He aquí los versos de la primera canción, la que tiene como referencia geográfica la playa de Fuenterrabía y en cuyos tres primeros versos, por cierto, encuentro una evocación a la Dama Blanca becqueriana de El Rayo de Luna.

I
 
¡Sólo tu figura,
como una centella blanca,
en mi noche obscura!

 ¡Y en la tersa arena,
cerca de la mar,
tu carne rosa y morena,
súbitamente, Guiomar!

 En el gris del muro,
cárcel y aposento,
y en un paisaje futuro
con sólo tu voz y el viento;

 en el nácar frío
de tu zarcillo en mi boca,
Guiomar, y en el calofrío
de una amanecida loca;

 asomada al malecón
que bate la mar de un sueño,
y bajo el arco del ceño
de mi vigilia, a traición,
¡siempre tú!
Guiomar, Guiomar,

 mírame en ti castigado:
reo de haberte creado,
ya no te puedo olvidar.

Me ha resultado asombroso que, en la biografía novelada de la extraña relación mantenida entre Pilar Valderrama y Antonio Machado que ha escrito la conocida periodista Nieves Herrero y titulada Esos días azules, partiendo fundamentalmente de este poema haya escenificado una noche erótica tormentosa de julio de 1931 entre ambos en la playa de Hendaya (al otro lado de la desembocadura del Bidasoa, en tierra ya francesa). Y he sentido indignación al comprobar que no cita para nada la luna de miel de Antonio y Leonor en el verano de 1909. Pero es que, después, leyendo las memorias de Pilar de Valderrama constato que no menciona ni lo más mínimo a tal estancia de Antonio y Leonor en Fuenterrabía y, por tanto, en Hendaya.

Ahora bien, Pilar de Vallderrama, que tanto insistió en que la relación que tuvo con Machado fue pactada-impuesta por ella en el sentido de ser tan sólo una amistad sin contacto físico alguno (fiel a su ideario católico del cómo comportarse una mujer casada, madre y creyente), aclara ella misma que el acontecer erótico de este primer cantar no acaeció nunca con ella.

Transcribo su nota 1, a pie de las páginas 50-51 de sus memoria, porque son fundamentales en la dilucidación que planteo: que Pilar de Valderrama no es Guiomar.

«En el libro de Justina Ruiz Conde «Antonio Machado y Guiomar»? -1964- hay algunas versiones alteradas de la realidad… En la pág. 144 de dicho libro dice textualmente: ‘A San Sebastián, donde pasó Guiomar algún verano, fue más de una vez [Machado]’ y añade más abajo: «La escena pasa en La Zurriola, en una noche encendida de verano, ya casi al amanecer; los enamorados bajan después a la playa. Pretende besarla, pero ella se retrae, vuelve bruscamente la cabeza y el beso se pierde, porque cae en el pendiente». Y copia del poeta:

Y en la tersa arena
cerca de la mar…

 Yo afirmo que Antonio no fue a verme nunca a San Sebastián y, por tanto, es incierto (e increíble) que yo estuviera en La Zurriola a últimas horas del anocher, «casi al amanecer»… ¿Qué hubieran dicho en mi casa? Tan sólo en el verano del año 31 fue a Hendaya, a donde nos marchamos [ella y su prole] a poco de fallecer mi madre [el 8 de mayo]. En estas fidedignas páginas explico este viaje en el que sólo estuvo dos días y en el que no nos vimos en la playa, sino en un camino que partía casi enfrente del hotelito que habitábamos, situado en la carretera que conduce a la playa. El camino iba subiendo y desde lo alto -donde estuvimos un rato sentados a media tarde- se veía el mar».

No seamos, por tanto, más papistas que el papa, como aconseja el refrán. En las 36 cartas que se conservan de Machado para Pilar de Valderrama (de ella no se conserva ninguna), en ningún momento la llama Guiomar, nunca. Y en el único poema a ella dedicado (soneto cuyo autógrafo no existe, por lo que hay que fiarse de lo que dice ella, esto es, que Machado se lo incluyó dentro de un ejemplar de La Divina Comedia de Dante que le regaló), tampoco aparece en nombre de Guiomar en verso alguno (es el soneto que empieza así: «Perdón, Madona del Pilar…«). Además, en la carta del 15 de agosto de 1929, Machado le dice a Pilar: «Pronto terminaré mis versos a Guiomar y, en seguida, a mi Discurso [para la Real Academia]». O sea, no le dice «Pronto terminaré mis versos a ti, Guiomar», lo que a mi entender es una prueba inequívoca de que Guiomar no es Pilar de Valderrama.

Y es que Guiomar forma parte de la concepción del Eros Femenino que tiene Machado plasmada por su heterónimo Abel Martín y que, en ocasiones, rememora y trata de explicar por medio de su heterónimo más conocido, Juan de Mairena. Guiomar no es una mujer física, sino una evocación poética de varios aspectos del Anima junguiana-machadiana, evocación de un amor pasado, caído en el olvido, que «se actualiza simbólicamente renovado» mediante el acto creativo poético al «mejorar el pasado» (o sea, de manera apócrifa en la terminología machadiana). Esta es mi opinión, que espero poder explicar en un futuro libro, incluida mi propuesta del posible origen de su nombre, Guiomar, distinto a todos los que han ido sugiriendo-planteando otros machadianistas.

A este respecto quiero recordar que Mairena, explicando a su maestro Abel Martín, dice a sus lectores: “Merced  al  olvido  puede  el  poeta  -pensaba  mi  maestro-  arrancar  las  raíces  de  su  espíritu,  enterradas  en  el  suelo  de  lo  anecdótico  y  trivial,  para  amarrarlas,  más  hondas,  en  el  subsuelo  o  roca  viva del sentimiento, el cual no es ya evocador,  sino  -en  apariencia,  al  menos-  alumbrador  de  formas  nuevas”.

Poética de la Imaginación Creadora, transformadora de lo vivido, que se corresponde, a mi entender, con estas reflexiones que publicara en La Vanguardia  «Notas inactuales, a la manera de Juan de Mairena» (27/03/1938):  «Si tenemos en cuenta la reversibilidad ideal de lo pasado y la plasticidad de lo futuro, no hay inconveniente en convertir la historia en novela, sin que, por ello, pierda la historia nada esencial, como espejo más o menos limpio de la vida humana. Solo así podremos sacudir la tiranía de lo anecdótico y de lo circunstancial. Creemos que no hay suficientes razones para aceptar la fatalidad de lo pasado. Reconocemos, sin embargo, que los deterministas nunca han de concedernos que lo pasado debió ser de otro modo, ni siquiera que pudo ser de muchos. Porque ellos no admiten libertad para lo futuro, y con doble razón han de negárselo a lo pretérito.Y para no entrar en discusiones, que nos llevarían más allá de nuestro propósito, nos declaramos al margen de la historia y de la novela, meros hombres de fantasía, como Juan de Mairena, cuando decía a sus alumnos: «Tenéis unos padres excelentes, a quienes debéis cariño y respeto; pero ¿por qué no inventáis otros más excelentes todavía?»…«

A tenor de esta Poética de la Imaginación Creadora, que modifica el pasado, mejorándolo como apócrifo machadianista, es fácil entender el apotegma machadiano «Hoy es siempre todavía».

Pero volvamos a Antonio Machado y Pilar Valderrama. Ambos se conocen en Segovia en marzo de 1928, según ella misma confiesa en dicha autobiografía. Y quiero recordarte que Machado reitera en más de una ocasión que «se canta lo que se pierde«, y que afirma, en sus apuntes de Los complementarios, «que toda composición requiere, por lo menos, diez años para producirse» y, por lo tanto, estos Otras canciones a Guiomar publicadas en enero de 1935 han ido formándose desde, al menos, varios años atrás, en las «galerías anímicas» de Machado. Y, vuelvo a insistir, Antonio y Leonor pasaron allí, en aquellas playas de Fuenterrabía-Hendaya, su luna de miel en 1909.

Así que no puede ser que el primer cantar de Otras canciones a Guiomar, publicado en enero de 1935, se corresponda con algo vivenciado recientemente, porque, en su creatividad poética, Machado se remonta a un tiempo bastante distanciado al momento en que escribe sus versos. Y en este proceso creativo no hace sino seguir la estela de Gustavo Adolfo Bécquer cuando afirmaba que él no escribía tras la vivencia emotiva, sino que la guardaba en el recuerdo y,  tiempo después la rememoraba vinculándola a la emoción antaño sentida, aunque ciertamente, modificada en mayor o menor grado, recreada poéticamente (a la manera apócrifa en la terminología machadiana).

Queda confirmado la distinción Pilar de Valderrama/Guiomar en el cantar segundo «apócrifo» de Otras canciones a Guiomar que Mairena nos dice que escribió su maestro Abel Martín (al que yo redenomino hermenéuticamente Abelmar Tin, así como a Leonor la veo como Guionor Leomar]:

Todo amor es fantasía;
él inventa el año, el día,
la hora y su melodía;
inventa el amante y, más,
la amada. No prueba nada,
contra el amor, que la amada
no haya existido jamás.

Escrito en Soria, 1 y 6 de mayo de 2021

A la sazón, Ángel Almazán es secretario general de la Red de Ciudades Machadianas, más este artículo lo redacta, independientemente, a título personal como investigador machadista.

Más artículos machadianos en este portal: Azul hado / A tu lado / Antonio Machado. Además, véase el blog del mismo autor Soria en Antonio Machado.

 

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