El Arca de la Alianza y la ermita Templaria de San Bartolo con Juan Eslava Galán en 1999

Nota previa: “El Arca de la Alianza y la ermita Templaria de San Bartolo, de Ucero (De la mano de Juan Eslava Galán)” era el título del artículo original de este ensayo, publicado en la revista Abanco. Cosas de , nº 29, 1999, y que fui incorporando en diversos libros-guías sobre el Temple en la provincia de . El artículo lo escribí en el 11-12 de abril de 1999.

La ermita de San Bartolo, antiguo templo del cenobio templario de San Juan de Otero, en el término soriano de Ucero, siempre me depara nuevas sorpresas cada vez que intento adentrarme en el simbolismo de sus canecillos, ábside y estructura arquitectónica, y así volvió a acontecer la última vez que estuve en el interior de ella, en esta primavera de 1999, acompañando a otro investigador de los misterios medievales: Juan Eslava Galán.

Había leído algunos libros suyos años atrás, guardando especial recuerdo de El enigma de la Mesa de Salomón, que sirvió de fuente de inspiración a Nicolas Wilkox para su best-seller La lápida templaria, y también había tomado yo apuntes de su ensayo Los y otros enigmas medievales. Sabía de su Premio Planeta, en 1987, por La búsqueda del Unicornio, y de su reciente Premio Lara, de Sevilla, el año pasado, por Señorita. Además es autor de una treintena de novelas y ensayos.

Juan Eslava está preparando algo grande – me comentó por e-mail hace tiempo Juan Sol.
¿Y qué es?– pregunté
Una novela medieval, o mejor dicho, una trilogía, y quiere situar su primer tomo en San Baudelio de Berlanga y en San Bartolo, por lo que está preprando un viaje desde Sevilla a Soria ¿Contamos contigo?
¡Por supuesto! exclamé.

Y así fue como me encontré inmerso en lo que sería un fin de semana apasionante desentrañando claves mistéricas y arcanas, teniendo al lado a Juan Eslava Galán.

Su compañera, Ángela; Juan Sol y su esposa, Gloria, y una pareja de amigos de éstos, Luis y Mari Trini, completaron el grupo. Los siete caminamos por el Cañón de río Lobos en un domingo por la mañana del pasado mes de marzo. Hacía frío y el viento soplaba con fuerza, pero no importaba porque sabíamos que íbamos a descubrir algo nuevo y todos estábamos expectantes por saber qué sería.

Entramos en el interior de la ermita y, con ayuda de una linterna en los casos que así lo precisaba la falta de luz, fui mostrando a todos ellos lo que, con el paso de los años, he ido descubriendo e interpretando.

– Aquí están varias veces representados los graffitis de cuarteles de ocho radios similares a los que grabaron en Chinon el último gran maestre templario, Jacques de Molay y sus compañeros de infortunio, antes de ser quemados en la hoguera … -les indiqué al poco de entrar. – Y ahí, en el suelo, veis la losa con cruz patada en la que algunos posan sus pies desnudos
– Allí arriba, en ese capitel, veis una cabeza con grandes orejones, como la que hay en la cima de una columna de la portada, en la fachada. Dicen los que saben que el discípulo escucha al maestro y a la voz que surge de su interior. La enseñanza esotérica o iniciativa es siempre oral. Saber, poder, atreverse y callar, afirman otros -les dije con cierto aire misterioso. – En los capiteles del presbiterio hay tréboles, lo que nos está remitiendo al simbolismo de los tres mundos, de las tres funciones y del ternario -señalé en otro momento.
– Y allí está la cruz de las Ocho Beatitudes, tan críptica y esotérica. Al lado hay una figura geométrico que me recuerda la espina dorsal, similar a la de aquél otro capitel de enfrente – comenté a la par que confesaba mi desconcierto ante aquella figura. Fue entonces cuando Juan Eslava Galán observó con detenimiento aquellos dos capiteles y poco después se volvió a mí con una sonrisa en los labios.
– ¡Eso es un tabot, Angel!
– ¿El qué.. ?
– ¡Un tabot!
– ¿Y qué diantres es eso?
– ¡Es el Arca de la Alianza!
– ¡Pero, qué me dices!
– Sí, Angel, sí. Esa figura
representa al Arca de la Alianza. Es similar a los tabotat etíopes. En cada iglesia etíope hay un tabot. No los enseñan, pero con el paso de los siglos algunos han llegado a museos británicos y se han podido estudiar. Sin duda, eso que vemos es un tabot.

Tabot y Arca de la Alianza

Para conocer más datos sobre el tabot, Juan Eslava Galán me recomendó la lectura del libro de Graham Hancock, Símbolo y señal. En busca del Arca de la Alianza perdida, editada por Planeta, en 1992. Y tuve la suerte de encontrar esta obra en la Biblioteca Pública de Soria.
Como había dicho el escritor de Arjona, algunos tabotat (plural de tabot en etíope) eran conocidos por etnólogos y arqueólogos.
Los británicos trajeron de Abisinia, tras la expedición británica de Napier a Magdala, en 1867-1868, varios ejemplares que, tras exponerse en el Museo Británico se encuentran ahora en el Depósito Etnográfico de Hackney. Se trata, como indica Hancock, de nueve trozos de madera, “cuadrados unos, otros rectangulares, ninguno de más de dieciocho pulgadas de largo, y de ancho ni más de tres de grueso”, siendo la mayoría muy simples, “pero todos llevaban alguna inscripción que reconocí como ge’ez, la antigua lengua litúrgico de Etiopía”, y algunos pocos “tenían también grabadas cruces y otros emblemas”. Las figuras de los capiteles de San Bartolo, ciertamente, podrían asimilarse a los tabotat etíopes.

Ahora bien, éstos en nada se parecen al Arca de la Alianza, que era un cofre de acacia, “de dos codos y medio de larga, uno y medio de ancha y uno y medio de alta, recubierto de oro puro por dentro y porfuera”, seégún el capítulo 37 del Éxodo. ¿Por qué, entonces, los veinte mil sagrarios de los templos de Etiopía tienen su tabot y le llaman Arca de la Alianza? ¿Y por qué es tan importante el tabot que, en los rituales de consagración de estas iglesias ortodoxas etíopes, tras ser consagrado por el Patriarca, “es instalado con toda pompa en el sagrario y constituye el rasgo principal de la ceremonia”, según el libro The Ethiopian Orthodox Church?. Algunas iglesias ncluso tenían una docena de tabotat que utilizaban en diferentes rituales cada uno de ellos, siempre ocultos con paños de tela a las miradas de los feligreses y clero, excepto para sus guardianes.

¡Ah -pensé- este es un misterio que ni Spielberg se atrevió a desvelar con su primer Indiana Jones! ¿Los tabotat son réplicas del Arca de la Alianza o de su contenido, o sea, de las Tablas de lo Diez Mandamientos? -me pregunté a continuación.

Me sentí complacido al ver que Hancock también se había planteado la misma pregunta. Así que leí detenidamente lo que decía, al respecto:

– “… Si todos los tabot eran como láminas o planchas, también debía de serlo ese objeto sagrado, lo que significaba que no podía ser el Arca, aunque sí una de las tablas en las que habían sido escritas los Diez Mandamientos. Desde luego, los tabot que yo había visto a lo largo de mis muchos años de relaciones con Etiopía eran siempre planos y no cajas, unas veces de madera y otras de piedra”.

Los filólogos consideran que la palabra tabot podría derivarse de la hebrea thebah, que hace referencia a un recipiente con forma de barco puesto que aparece tal término al referirse al Arca de Noé y al arca de espadañas en la que el niño Moisés fue recogido por la hija del faraón. Y curioso es, como advierte Hancock, que en el libro etíope Kebra Negast, en el que se habla de la leyenda sobre el robo del Arca de la Alianza por el hijo de Salomón y la Reina de Saba y su traslado a Abisinia, se describe al Arca de la Alianza como “la panza de un navío” en cuyo interior se encontraban las tablas de los Diez Mandamientos. – ¡Hete aquí la posible fuente iconográfica de los tabotat, planos y con dibujos, asimilable a las figuras de los dos capiteles de San Bartolo, y como la mentalidad primitiva suele equiparar la parte por el todo, es correcto que consideren al tabot como Arca! -deduje, complacido, del hallazgo. La presencia de caballeros templarios en Abisinia para construir las impresionantes iglesias excavadas en la roca de la ciudad de RohaLalibala y buscar el Arca de la Alianza, como propone Hancock, sería la conexión que explicaría la presencia de los tabotat en los dos capiteles de San Bartolomé de Ucero.

Reflexiones sobre el Arca

Hancock, en su obra, ha desentrañado el simbolismo griálico y similitudes existentes entre el Arca de la Alianza bíblica y el Graal descrito por Wolfram von Eschembach en la más esotérica de las leyendas griálicas, Parzival, mas no estoy de acuerdo en su suposición de que Wolfram se inspiró directamente en la leyenda medieval etíope sobre el Arca de la Alianza y la anterior narración bíblica para definir su singular Graal (tal es el nombre del Grial en Eschembach) que es una piedra, y no un cáliz. En todas las tradiciones ha existido el símbolo del Grial, y la judía del Antiguo Testamento no podía ser una excepción (por otro lado el arca y el vaso griálico son equiparables en muchos aspectos). Pero en la Biblia, antes del Arca de la Alianza existió otra, la de Noé, surgida igualmente de otro pacto compromiso mutuo entre y el hombre y Yaveh, que tuvo como refrendo al arco iris colocado por Jehovah al término del Diluvio Universal.

Los templarios, con estos tabotat de San Bartolo, ¿no estarán acaso haciendo igualmente referencia a este Arca de Noé Thebah de Noah? ¿Y qué simbolismo tiene esta Thebah?.

Llegado a este punto recurrí a René Guénon para comprender el secreto del esoterismo del Arca. Cogí El Rey del Mundo y leí:

El Arca del Diluvio es todavía una representación del Centro Supremo, considerado especialmente en tanto asegura la conservación de la Tradición, en el estado de cierto ocultamiento, en el período transitorio que es como el intervalo de dos ciclos y que está señalado por un cataclismo cósmico que destruye el estado anterior del mundo para dar lugar a uno nuevoEste estado es asimilable al que representa para el comienzo de un ciclo el “Huevo del Mundo”, que contiene en germen todas las posibilidades que se desarrollarán en el curso del ciclo; el Arca contiene asimismo todos los elementos que servirán para la restauración del mundo y que son así los orígenes de su estado futuro “.

Guénon sugiere que, en el caso concreto del diluvio universal de la Biblia, se hace referencia posiblemente a la destrucción de la Atlántida, y consiguientemente -añado yo- al posterior inicio de lo que Hesíodo llamaba Edad del Hierro y el hinduismo Kali Yuga, en cuya fase final nos encontraríamos.

Si es cierto, como indican Guénon y otros ilustres investigadores del esoterismo tradicional, que la Orden del Temple actuaba como canal de transmisión del Centro Supremo de la Tradición Primordial con Occidente, y era al mismo tiempo el mediador entre ambos y custodiaba el Grial, parece claro que el Círculo Iniciático templario conocería la doctrina de los ciclos históricos (manvantaras, yugas … ) y el relato platónico de la Atlántida. Y si ellos,eran depositarios y custodios del Conocimiento, de la Tradición, ¡entonces la Orden del Temple cumplía la función del Arca, metafóricamente hablando!. No olvidemos, al respecto, que el Arca de la Alianza contiene los Diez Mandamientos (la esencia de la Tora), la “ley”, el “dharma”.

Asimismo, en los capiteles (o sea, “la cabeza” de la columna) de San Bartolo la representación esquemática de los tabotat está rematada por una cabeza o un elemento esferoide, que podría ser asimismo un símbolo de ese Centro Supremo, en tanto en cuanto la cabeza es considerada como “principio rector” del ser humano y sede del espíritu.

Por otro lado, la coronilla del cráneo es un símbolo de la esotérica “Puerta Solar”, pues representa al chackra Sahasrara, “el punto donde termina la ‘arteria coronal’ sutil o ‘sushumna’, que está en la prolongación directa del rayo solar llamado análogamente sushumna”, y que, inclusive, no es en realidad, al menos virtualmente, sino su porción axial, ‘intrahumana’, si es dado expresarse así”, desvela René Guénon en su libro Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada. “Este punto es el orificio llamado ‘Brahma-randhra, por el cual escapa el espíritu del ser en vías de liberación, cuando se han roto los vínculos que lo unían al compuesto corpóreo y psíquico humano”, concluye.

Estas explicaciones de Guénon hacen que mi “visión” de lo que yo creía representaciones de la “columna vertebral” esotérica en lo que, a partir del encuentro con Juan Eslava Galán llamaré tabot, se unifiquen y complementen al mismo tiempo, puesto que, partiendo del esoterimo, es precisamente en esa “columna vertebral” donde tiene lugar la “transformación” psíquico-espiritual del iniciado, a medida que se van “despertando los chakras” o “centros de conciencia” existente en ella, de ahí que tal “columna vertebral sutil” actúa como Arca, depositaria y guardiana de las “semillas” del virtual desarrollo iniciático del individuo que se encuentra en el Camino. Y si tenemos en cuenta que el Diluvio Universal con lo que ello conlleva (final de un ciclo e inicio de otro) tiene perfecta homologación simbólica, en el plano humano, con la muerte al mundo profano y renacimiento al mundo arquetípico-numinoso-sacro de la iniciación efectiva, todo lo que hemos venido explicando anteriormente adquiere un mayor sentido y profundidad.

Esta equiparación que hago entre el Arca y la esencia transformadora del ser humano simbolizada en la columna vertebral esotérica, la veo respaldada cuando Jean Chevalier y Alain Gheerbrant me dicen que diversos apologistas judíos y cristianos encontraron relaciones simbólicas entre las dimensiones del Arca de Noé y de la Alianza con el cuerpo humano realizando exégesis en sentido físico y místico.

Asimismo se habla entre los místicos del “arca del corazón”, y bien sabemos que, en el esoterismo, el “corazón” es el contendor de la “semilla de la inmortalidad” y de la “chispa divina”, el Sí-Mismo. Es así como San Bernardo de Claraval, protector e impulsor del Temple, precisamente en su alabanza a esta Orden (De laude novae militae) “habla de la tierra buena y excelente que recibe en su seno la simiente celeste contenida en el arca del corazón del Padre”.

Astrología

Los nuevos descubrimientos no se detuvieron aquí. Constatamos en dos bases de las columnas que la enigmática forma circular que había en sus bases se trataba de una planta, aunque todavía no hemos descubierto de qué especie se trata. Igualmente, en una de las ventanas del presbiterio hallamos una singular marca de cantería.

Seguramente se trata de la representación de una constelación– sugirió Juan Eslava Galán.

Inmediatamente recordé un artículo publicado en Mundo Desconocido, en 1972, escrito por Manuel Nonídez García y Miguel Ángel Salinas, en el que conectaban astrológicamente el enclave de San Bartolo y su entorno soriano-burgalés con las constelaciones de Sagitta (Flecha) y Cignus (Cisne).

No me he sumergido todavía en el estudio de la extraña marca de cantería pero es muy probable que la suposición de Eslava Galán sea cierta y nos hallemos ante una constelación…

Prometo indagarlo en esta primavera y resolver tal enigma. Pero esa es otra historia.

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